Polémica con Nuestro aporte filosófico mayor por Abel Posse
  Autor   Dr. Ramón Eduardo Ruiz Pesce
  Categoría   Gráfica
  Medio   Inédito
  Palabras Claves   Filosofía, Mística, Cristianismo, San Juan de la Cruz, Nietzsche, Massuh
  Fecha   22 de Noviembre de 2004
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Tengo para mí que Abel Posse es uno de nuestros mayores novelistas contemporáneos; lo que no es poco decir en una tierra tan fecunda en talentos literarios. Y uno puede no compartir, como es mi caso, tanto su concepción política dentro de la derecha peronista, como su visión religiosa, de fuerte impronta neopagana; expresada ésta en las “afinidades electivas” con los Rimbaud, los Cioran o los Heidegger. Dicho todo lo cual sin menoscabar, en absoluto, la lucidez y la consistencia de su pluma militante.

En esta atmósfera espiritual, no es sorprendente leer el artículo que Posse publicara recientemente en el Suplemento Literario, titulado “Nuestro aporte filosófico mayor” 1, como un sentido homenaje al Víctor Massuh de “Nihilismo y experiencia extrema” 2. Este escrito testimonia la vecindad espiritual entre estos dos grandes escritores nuestros. Posse hace suyos el diagnóstico y la propuesta de Massuh de salir al cruce, ya hace casi treinta años, a la decadencia nihilista y atea en la que está sumido Occidente; y lo hace, dice, “en esa frescura que sólo sopla en el entusiasmo de Nietzsche”.

Y esto es correcto; ya tempranamente Massuh dedicó su tesis doctoral a una interpretación religiosa del humanismo ateo creado por el autor de la tesis de “la muerte de Dios” –léase aquí de la muerte del Dios judeocristiano-. Cabe aclarar que el dilema nietzscheano no es religión sí o religión no, sino religiosidad de la corpórea y terrenal subjetividad “dionisíaca” o pagana, por un lado, o religiosidad de la “espiritual” y “celestial” objetividad semítica; institucionalizada por el judeocristianismo, por otro. Dionisos o el Crucificado; ésa es la encrucijada. Nietzsche, dice Massuh, rechazó una religión que niega la vida (y con ella el cuerpo, lo terrenal, los instintos, entendidos como manifestación espontánea y afirmativa de la vida)”. 3 Y cuando Nietzsche se vuelve contra el Crucificado –añade- “no pelea contra las ideas platónicas; él mismo está encerrado en un desesperado cuerpo a cuerpo con Cristo en persona”. Rechaza en “el Crucificado” “una tradicional valoración del sufrimiento y la enfermedad, del desprecio a la vida y del sometimiento”. Alegría y gozo de la vida o sufrimiento y enfermedad mortales; mística dionisíaca o mística cristiana. Ésa es la cuestión

Volvamos, pues, a Posse y a Massuh, discurriendo sobre “nihilismo y experiencia extrema”. Sostengo, como punto central de la presente polémica, que en este punto quizá Posse no entiende bien a Massuh, y éste, a su vez, no entiende la mística cristiana. Nada más, nada menos. Pertinentemente, Posse describe la justa rebelión de Massuh contra el nihilismo en nombre de un vitalismo asumido como “experiencia extrema”, “vivida con pasión, con compromiso creativo, con alegría creadora, devolviéndonos el respeto por esa cualidad divina, en el corazón de la ciudad terrena”. Todo ello está bien, si uno es fiel a la mística religiosidad dionisíaca de Nietzsche; no en la mística cristiana de San Juan de la Cruz. Aquí es donde, para mí, hacen agua la impertinencia y la injusticia de Posse y Massuh respecto de la mística cristiana. Finalizando su artículo Posse señala que “en el momento de la mayor crisis del pensar occidental, desde la periferia americana, Massuh levanta su última ratio”, y nos pregunta “¿cómo es posible que ante los dioses caídos tengamos fuerzas para crear otros nuevos?”. Y nuestro filósofo tucumano, dice Posse, “cree positivamente que `la fe es el único órgano de la totalidad´, y se lanza en búsqueda de la esencia que impulsa al místico en su vuelo irracional que podría desembocar en la razón final, salvadora. No en vano, añade, el capítulo VIII de esta obra excepcional se titula `La mística, un modelo de búsqueda´, y sigue los pasos del místico, San Juan de la Cruz”. Si uno lee ese capítulo, encontrará, sí, que Massuh afirma que “San Juan de la Cruz fue acaso la expresión más alta de la mística de todos los tiempos”. Y, además, advierte que en esta mística sanjuancruciana, se puede aprender mucho para la “experiencia extrema”, que nos permita salir de la decadencia nihilista y atea; pero “el aprendizaje se hace fecundo sólo a condición de mantener libre la mirada para efectuar una lectura invertida e infiel de sus textos” (pg.186). ¡Y vaya si lo hace! Vuelve los textos contra el propio San Juan de la Cruz: “preguntar por la presencia de la carne allí donde el místico blanquea la mirada en un gesto de puro arrobamiento, percibir lo divino donde sólo se arrastra la vida profana, rechazar sus obsesiones castradoras e inútiles” (ibidem). Lo que Massuh critica en San Juan de la Cruz es la “noche oscura”, “una mortificación gratuita e inútil” (p.195). Su “noche purgativa”, dice, no es otra cosa que una “guerra contra el cuerpo, los sentidos y los llamados del mundo”; “mero resentimiento contra la vida”; “malsana concupiscencia de la muerte” (p.202). Los rigores de esa ascética, tal como mi juicio la mal entiende Massuh, “son inútiles como camino hacia Dios… y no se advierte por qué es preciso seguir a la ascética hasta el límite en que se pierde en un odio al cuerpo, un morboso comercio con la promiscuidad y una sacralización del sufrimiento. Esto –dice Massuh- hace de la noche purgativa un oficio patológico que nada tiene que ver con la unión del alma y Dios”(p.196).

Mucho me temo que nuestro distinguido novelista, autor de Daimon y de Perros del Paraíso, y nuestro apreciado filósofo tucumano, autor de Nietzsche y el fin de la religión y de Nihilismo y experiencia extrema, están ciegos para comprender una verdad evangélica elemental: “si alguno quiere ser mi discípulo –dice Cristo- niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; porque el que quiere salvar su alma la perderá; pero el que la pierda por mí la ganará”. “Oh, noche amable que juntaste / amado con amada, / amada en el amado transformada”, canta con versos eróticos y santos San Juan de la Cruz. Tras sus huellas, Santa Edith Stein, ha dicho: “Cruz y noche son caminos para llegar a la luz celestial; éste es el mensaje gozoso de la Cruz”. Por la cruz a la luz –per crucem ad lucem-. Estamos embarcados; hay que elegir: Dionisos o el Crucificado.

Notas

1 Abel Posse, “Nuestro aporte filosófico mayor”; Suplemento Literario LA GACETA, 21 de Noviembre 2004

2 Víctor Massuh; Nihilismo y experiencia extrema. Sudamericana, Bs.As., 1975

3 Víctor Massuh; Nietzsche y el fin de la religión. Sudamericana, Bs.As., 1985 (1ª edición 1969) p.221

 

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