Juan XXIII, Pablo VI, Vaticano II y Jacques Maritain
  Autor   Dr. Ramón Eduardo Ruiz Pesce
  Institución   Instituto Internacional Jacques Maritain - Filial Tucumán
  Palabras Claves   Juan XXIII, Pablo VI, Vaticano II, Jacques Maritain
  Categoría   Teología / Filosofía
  Fecha   Abril de 2003
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El Concilio Vaticano I había significado el anatema contra el espíritu del siglo y el repliegue sobre sí; casi un siglo después Vatican o II, convocado por Juan XXIII iba a encarnar una voluntad muy diferente de diálogo franco de la Iglesia con el mundo moderno, recentrando la iglesia entre los hombres y las naciones, refiriéndose al humanismo cristiano, valorando la actividad temporal de los cristianos en la vida social y política, temas en los que Maritain fue pionero.

Cuando muere Pío XII el cardenal Montini –futuro Pablo VI- le dice a Jean Guitton: “la Iglesia no pensará sólo en ella, pensará en toda la humanidad”. No dudé, dice Guitton, que Montini podría suceder como pontífice a Juan XXIII.

El 4 de diciembre dee 1963 Pablo VI inaugura su pontificado con un revolucionario viaje a Tierra Santa; el primer viaje de un papa fuera de Roma, comprometiendo a la Iglesia en un diálogo universal y sin excluir a nadie, incluido el mundo comunista.

En 1965 Pablo VI hace llamar a Maritain a Roma; allí el filósofo francés le pide al papa que repruebe públicamente los crímenes cometidos por los nazis en contra del pueblo judío; insiste en que la iglesia condene oficialmente el racismo y el antisemitismo. Envía a Pablo VI su libros El misterio de Israel y otros ensayos, y ese mismo año Pablo VI evocará públicamente la filiación del cristianismo respecto del judaísmo, ese parentesco en Abraham, padre de la fe que nos une especialmente con los israelitas, dice, quienes no sólo no merecen nuestra reprobación y desconfianza, sino, por el contrario, todo nuestro respeto, amor y esperanza.

En Diciembre de 1965 Maritain viaja nuevamente a Roma para la sesión de clausura del Concilio, en la que Pablo VI entrega en su persona el mensaje para los “hombres de pensamiento”. Y en el discurso final el papa sigue homenajeando al filósofo que considera su maestro, celebrando el advenimiento de un “nuevo humanismo”, el de un “hombre verdadero”, el del “hombre entero”. Declaraciones que salían al cruce del “Humanismo Integral” que estuvo en el centro de la polémica, y que diez años antes, los críticos del personalismo maritainiano, en nombre del bien común, casi logran la condena del pensamiento de Maritain por Roma. El 8 de Diciembre, sobre la plaza de San Pedro, seis cardenales distintos leen el mensaje del Santo Padre al mundo. El cardenal Léger lee el dedicado a los hombres del pensamiento, a nombre de Maritain, quien observa con ironía la decisión de Pablo VI que encarga la lectura al cardenal que había hablado mal de Santo Tomás en el Concilio. Pablo VI se levanta, se aproxima a Maritain, llamándole mi maestro y le dice palabras que le conmueven: “La Iglesia quiere reconocerle el trabajo de toda su vida”.

 

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